Misa vespertina de la Vigilia de Pentecostés

Solemnidad

Antífona de Entrada

El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo,

que habita en nosotros. Aleluya.

[Misa]

Se dice «Gloria».

Oración Colecta

Oremos:
Dios todopoderoso y eterno, que has querido que celebráramos el misterio pascual
durante cincuenta días, renueva entre nosotros el prodigio de Pentecostés, para
que los pueblos divididos por el odio y el pecado se consagren por medio de tu
Espíritu y, reunidos, confiesen tu nombre en la diversidad de sus lenguas.
Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.

[Misa]

Primera Lectura

¡Huesos secos! Les infundiré espíritu y vivirán

Lectura del libro del profeta Ezequiel
37, 1-14

En aquellos días, el Señor me invadió con su fuerza y su espíritu me llevó y me
dejó en medio del valle, que estaba lleno de huesos. Me hizo caminar entre ellos
en todas direcciones. Había muchísimos en el valle y estaban completamente
secos. Y me dijo:
«Hijo de hombre, ¿podrán revivir estos huesos?»
Yo le respondí:
«Señor, tú lo sabes».
Y me dijo:
«Profetiza estos huesos y diles: ¡Huesos secos, escuchen la palabra del Señor!
Así dice el Señor a estos huesos: Les voy a infundir espíritu para que vivan.
Los recubriré de tendones, haré crecer sobre ustedes la carne, los cubriré de
piel, les infundiré espíritu y vivirán, y reconocerán que yo soy el Señor».
Yo profeticé como me había mandado y, mientras hablaba, se oyó un estruendo; la
tierra se estremeció y los huesos se unieron entre sí. Miré y vi cómo sobre
ellos aparecían los tendones, crecía la carne y se cubrían de piel. Pero no
tenía espíritu».
Entonces él me dijo:
«Llama al espíritu, hijo de hombre, llámalo y dile: Esto dice el Señor: Ven de
los cuatro vientos y sopla sobre estos muertos para que vivan».
Lo llamé tal como el Señor me había mandado, y el espíritu penetró en ellos,
revivieron y se pusieron en pie. Era una inmensa muchedumbre.
Y me dijo:
«Hijo de hombre, estos huesos son el pueblo de Israel. Andan diciendo: “Se han
secado nuestros huesos, se ha desvanecido nuestra esperanza, estamos
destrozados”. Por eso profetiza y diles: Esto dice el Señor: Yo abriré sus
tumbas, los sacaré de ellas, pueblo mío, y los llevaré a la tierra de Israel. Y
cuando abra sus tumbas, los sacaré de ellas, pueblo mío, y los llevaré a la
tierra de Israel. Y cuando abra sus tumbas y los saque de ellas, reconocerán que
yo soy el Señor. Infundiré en ustedes mi espíritu, y vivirán; los estableceré en
su tierra y reconocerán que yo, el Señor, lo digo y lo hago. Palabra del Señor».
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Sal 103, 1-2a.24y35c.27-28.29bc-30

Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

Bendice al Señor, alma mía: ¡Señor, Dios mío, qué grande eres! Vestido de majestad y de esplendor, envuelto en un manto de luz.
Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

¡Cuántas son tus obras, Señor! Todas las hiciste con sabiduría, la tierra está llena de tus criaturas. ¡Bendice al Señor, alma mía!
Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

Todos, Señor, están pendientes de ti y esperan que les des la comida a su tiempo. Tú la das y ellos la toman, abres tu mano y quedan saciados.
Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

Si retiras tu soplo, expiran y regresan al polvo; envías tu espíritu, los creas, y renuevas la superficie de la tierra.
Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

Segunda Lectura

El Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
8, 22-27

Hermanos: Sabemos que la creación entera está gimiendo con dolores de parto
hasta el presente. Pero no sólo ella; también nosotros, los que poseemos las
primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior suspirando para que Dios nos
haga sus hijos y libere nuestro cuerpo. Porque ya estamos salvados, aunque sólo
en esperanza; y es claro que la esperanza que se ve no es propiamente esperanza,
pues ¿quién espera lo que tiene ante los ojos? Pero si esperamos lo que no
vemos, estamos aguardando con perseverancia.
Asimismo el Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, pues nosotros no
sabemos orar como es debido, y es el mismo Espíritu el que intercede por
nosotros con gemidos que no se pueden expresar. Por su parte, Dios, que examina
los corazones, conoce el pensar de ese Espíritu, que intercede por los creyentes
según la voluntad de Dios.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos la
llama de tu amor.
Aleluya.

Evangelio

Manarán torrentes de agua viva

† Lectura del santo Evangelio según san Juan
7, 37-39

Gloria a ti, Señor.

El último día, el más importante de la fiesta, Jesús, de pie ante la
muchedumbre, afirmó solemnemente:
«Si alguien tiene sed, que venga a mí y beba. Como dice la Escritura, de lo más
profundo de todo aquél que crea en mí brotarán ríos de agua viva».
Decía esto refiriéndose al Espíritu que recibirían los que creyeran en él. Y es
que aún no había sido dado el Espíritu, porque Jesús no había sido glorificado.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

[Misa]

Se dice «Credo».

Oración de los Fieles

Celebrante:
Puesto que hemos recibido el Espíritu que nos hace decir «Padre», dirijámonos, hermanos y hermanas, con sentimientos filiales al Señor.
(Respondemos a cada petición: Te rogamos que nos escuches).

Para que Jesús, el Señor, que, exaltado a la diestra de Dios, ha recibido el Espíritu Santo prometido, lo envíe abundantemente sobre la Iglesia, roguemos al Señor.
Te rogamos que nos escuches.

Para que la luz del Espíritu Santo aleje las tinieblas de los hombres, los lleve al conocimiento de la verdad, convierta el odio en amor, los sufrimientos en alegría y las guerras en paz, roguemos al Señor.
Te rogamos que nos escuches.

Para que la fuerza del Espíritu Santo guíe por los caminos de la conversión a los que son víctimas de la debilidad humana, de los engaños de su propio espíritu o de los errores del mundo, roguemos al Señor.
Te rogamos que nos escuches.

Para que el Espíritu de sabiduría nos haga penetrar en los secretos de Dios, nos recuerde continuamente lo que Cristo dijo y fortalezca nuestra fe, roguemos al Señor.
Te rogamos que nos escuches.

Celebrante:
Que tu amor de Padre, Señor, Dios todopoderoso, escuche complacido las súplicas de tu pueblo, que, lleno de gozo, ha recibido ya, como primer don tuyo, el Espíritu Santo prometido, que contigo y con tu Hijo vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.

[Misa]

Oración sobre las Ofrendas

Derrama, Señor, la bendición de tu Espíritu sobre estos dones que te
presentamos, para que, al participar en ellos, tu iglesia quede inundada de tu
amor y sea ante el mundo signo visible de la salvación.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

[Misa]

Prefacio

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias
siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno.
Pues, para llevar a plenitud el misterio pascual enviaste hoy el Espíritu Santo
sobre los que habías adoptado como hijos por su participación en Cristo.
Aquel mismo espíritu que, desde el comienzo, fue el alma de la Iglesia naciente;
el Espíritu que infundió el conocimiento de Dios a todos los pueblos; el
Espíritu que congregó en la confesión de una misma fe a los que el pecado había
dividido en diversidad de las lenguas.
Por eso,
con efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría, y también
los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar el himno
de tu gloria:
[Misa]

Antífona de la Comunión

El último día de la fiesta, Jesús en pie gritaba: «El que tenga sed, que venga a

mí y beba». Aleluya.

[Misa]

Oración después de la Comunión

Oremos:
La comunión que acabamos de recibir, Señor, nos comunique el mismo ardor del
Espíritu Santo que tan maravillosamente inflamó a los apóstoles de tu Hijo. Que
vive y reina por los siglos de los siglos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

[Misa]